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El mono obeso

En una conferencia pronunciada a mediados del pasado año, José Enrique Campillo presentó nuevamente las tesis de su ensayo “El mono obeso” que le han otorgado popularidad entre la opinión pública, siempre atenta a las propuestas y estudios que pretenden combatir una de las plagas que azotan a la sociedad moderna: la obesidad.

 

En una conferencia pronunciada a mediados del pasado año, el doctor en medicina y catedrático de Fisiología José Enrique Campillo (Cáceres, 1948) presentó nuevamente las tesis que sostiene a raiz de la publicación de su ensayo “El mono obeso” que le han otorgado popularidad entre la opinión pública, siempre atenta a las propuestas y estudios que pretenden combatir una de las plagas que azotan a la sociedad moderna: la obesidad.

Campillo afirma que las enfermedades metabólicas y cardiovasculares se deben a la hiperalimentación, la falta de comunicación entre las personas, el sedentarismo, el estrés laboral y el aburrimiento; en definitiva, son enfermedades de la civilización. Comer en exceso y estar tumbados en el sofá cama mirando la televisión nos está matando. Nuestro cuerpo ha evolucionado siguiendo unos parámetros que no se parecen en nada a los que nos obliga a seguir la vida moderna. Nuestra forma de vivir actual está en contradicción con nuestros genes. La sociedad moderna nos ha convertido en seres biológicamente inadaptados, enfermos.

El profesor Campillo sostiene que, de una dieta preindustrial en la que predominaban los cereales integrales —trigo maíz y arroz, según el continente—, complementados con carne y pescado, tras la revolución industrial, hemos pasado a una dieta mucho más abundante en proteínas y en la que las harinas refinadas y las féculas de las patatas han provocado el aumento rápido de la glucosa en la sangre. La indigestión colectiva producida por el exceso de azúcares, grasas, proteínas y harinas es muy grave: en el caso de los azúcares, para asimilarlos, nuestro páncreas tiene que segregar cantidades cada vez mayores de insulina, lo que puede dar pie a una hiperinsulinemia y a trastornos asociados, como sobrepeso, diabetes, dislipemia, hipertensión y arteriosclerosis.

La solución a estos males está en nuestra mano: realizar ejercicio físico regularmente, consumir frutas y verduras y cereales y harinas integrales, evitar los alimentos excesivamente calóricos, reducir el consumo de grasas saturadas y azúcares rápidos, moderar la ingesta de sal y de alcohol, no fumar y procurar vivir sin estrés. En definitiva, se trata de ajustar alimentarnos de acuerso con nuestro diseño evolutivo: un 50 % de todo lo que ingerimos deberían ser frutas y verduras, el 30 % tubérculos, frutos secos y semillas, el 18 % carne, pescado y huevos y el 2 % restante, cereales, legumbres, leche y derivados, bebidas fermentadas y dulces.

Ésta sería la receta del doctor Campillo. Y tengan en cuenta dos cosas: la primera, que Darwin no se equivocaba; y la segunda, que no hay monos obesos, pero humanos, sí.